Un refugio climático para tu imaginación

Ya no vas por ahí oliendo a verano. Ya hueles a mierda seca y a depresión post-vacacional. Te toca buscar un motivo para volver a levantar la persiana. Una persiana que chirría entre tus huesos, se hace bola en el estómago y encima no sube más allá de tu ombligo. Un primer aviso que te obliga súbditamente a agachar la cabeza e hincar la rodilla en un charco pisoteado de ilusiones descascarilladas.
Ya no te tragas lo de “la crisis como oportunidad exclusiva” solo para ti, ni eso de “del todo se aprende”, ni las lecciones de todos los capullos que son “grandes maestros en tu vida”, donde tus amigas, la pareja, tus hijos o el perro son el examen final. A la mayoría te gustaría meterles un cohete por el culo y que se vayan con su universidad a Marte, a dar sus Masterclass a Elon Musk. El cuento de que “la felicidad es una actitud”, y que “ésta multiplica más que el conocimiento y la experiencia» en tu autopista hacia el éxito, ya te resulta de mal gusto.
Bajas la persiana y a currar. Afortunado de estar sano y tener alineados los principios y valores que te mueven (probablemente no los chakras), y los nuevos sueños a los que agarrarte como un neumático en alta mar. La dirección más o menos la tienes clara, y aunque ya no tengas brújula, el destino al final es para todos el mismo: hemos venido a jugar.
Único propósito para el nuevo curso: no regalar la atención a los productos de Zuckenberg y compañía, y dedicar tiempo de calidad a las personas importantes de mi vida («VIP naranja escribe fino»). 
Corolario: aumentar este circulo a “VIP cristal escribe normal» con gente curiosa y creativa por la que ser refugio climático para su imaginación.

Esta es la hoja de ruta de un tipo que está a dos días de cumplir 50 palazos en el calendario maya y en el gregoriano . Una cifra redonda y hueca como las preguntas que me hago desde hace una semana:
¿Cómo he llegado hasta aquí?
¿Por qué no me acuerdo casi de nada?
¿Quién soy yo realmente ahora?
¿No te daban un reloj en el Ayuntamiento?
¿Por qué no he encontrado el botón de PAUSE todavía?
¿Cuántos yoes he sido YO realmente?
¿Los he conocido bien a todos? 
¿Me he “ganado” ya la vida? ¿Cuánto me queda por pagar?
¿Si el día del eclipse hubo una puerta abierta a otra dimensión, por qué no pasé por ella?
¿Después de tantos años criado en cautividad, tendría instinto y posibilidades de supervivencia en estado salvaje?
¿Cuántos tipos de suelo puedo pisar en un solo día?
¿Qué prefiero: infarto, cáncer, demencia o accidente?
¿Por qué en el supermercado pago el doble si salgo con la mitad de cosas que el año pasado?
¿Se puede vivir sin pisar ni un solo suelo de supermercado?
¿Se puede vivir del aire?
¿Puede el aire vivir sin mi?
¿Si el amor que recibes aumenta cuanto más amor das, por qué no me salen las cuentas?
¿Puede ser el amor infinito una salida al capitalismo o es otra utopía comunista?
¿Mi fiesta de cumpleaños podría ser el inicio de una revolución de amor infinito?
¿Invito a la alcaldesa? ¿y al lehendakari? 
¿Hago un lunes a las 9 de la mañana mi fiesta de cumpleaños para cuadrar en su agenda?

Si recibes este mensaje considerate VIP en mi vida, pero si no lo eres todavía, no dejes de intentarlo: me encantará conocerte más en profundidad.
Y tranquilos que mi cumpleaños será un vermouth torero o una rave polvorienta y salvaje: sin fotógrafos, ni influencers, ni barbies-negocio, ni supermanes de bolsillo. 

Que se entere el mundo entero

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