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Un tiempo a nuestro alcance

Iba a empezar con una crónica del pasado fin de semana de “verano”, pero de todo lo maravilloso que fue, y fue mucho -con su baño en un lago de Cameros y sus sapos en celo, su visita a las angostas cuevas de Ortigosa, el impecable teatro de máscaras de Kulunka Teatro o sus paseos por la montaña esquivando al sol y gestionando la sed-, de toda esta serie de momentos sencillos pero extraordinarios, me quedaré solo con lo último que hice: ir al cine y llorar.

Sí, soy uno de esos raros que todavía pisamos las salas; estábamos ocho en la sesión de las nueve. El resto del mundo se había quedado en las terrazas tomando algo y exprimiendo las horas de luz del domingo, que todavía eran de una temperatura agradable. Pero nosotras nos desconectamos y apostamos fuerte: vimos “Radical” (2023, Dir:Christopher Zalla), una película mexicana inolvidable que está en los cines. Ir a verla.

Es una película de la que el mundo entero debería estar hablando, una película que debería secuestrar todos los canales de televisión pública para callar a todos los mercachifles, politikutxos y futbolistas que tienen voz en ellas y generar debate y crítica sobre algo importante como es la educación primaria, lo único que puede regenerar el planeta de nuevas posibilidades de vida humana habitables.

Ir al cine o al teatro es un acto revolucionario, porque te obliga a desconectar tu smartphone. Lo es también leer antes de desayunar o salir a pasear habiendo dejado el teléfono en casa. Porque independientemente del alimento espiritual que te ofrezca cualquiera de estas actividades, te permite darte el lujo de poner plena conciencia y sensibilidad en lo que estás haciendo. Y entonces te das cuenta de lo que puede cundir el tiempo y la vida, independientemente de la educación que hayas recibido. Porque ese tiempo off-line vuelve a ser tiempo vivo, tiempo no lineal, tiempo cuántico, tiempo eterno. Y si algo somos los humanos es tiempo, un concepto inventado precisamente por seres conscientes de que su tiempo es limitado; personajes que en el mejor de los casos y en el hemisferio Norte, habitamos paisajes por una media de no más de 85 años. Tiempo en el que gota a gota una estalactita crece poco más de tres centímetros.

En este tercer día frío y gris después del veranillo de antes de ayer (un tiempo corto pero ya lejano y añorado, ¡disfrutemos de la primavera, coño!), os vengo a ofrecer un tiempo fantástico de desconexión y comedia: TINTE DE VERANO. Será ya en el verano oficial, el primer fin de semana de julio escondidas bajo las faldas del Gorbea. Ojala que la casualidad y el amor, hagan que finalmente coincidamos allí. Si no es así, no pasa nada pero disfruta también en tu otro momento.

Y si quieres compartir tu tiempo con gente a la que crees que pueda interesarle este retiro teatral; o aunque tú no puedas venir, quieras regalarle la oportunidad de que venga a una amiga que mandes de cobaya; en ambos casos te agradezco que le hagas llegar la información.

Todos los detalles aquí.

Brezos y abrazos

 

Que se entere el mundo entero

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